¿Qué pasa cuando se apaga la luz? 

Todos soñamos. No solo los niños y las niñas, también los adultos también nos dejamos llevar.

Aparece el mundo de los unicornios, los dinosaurios vuelven a la vida, la luna nos sonríe, conocemos helados que hablan, y setas que son hogares de animales. Todo es posible. Pero te contaré un secreto: No somos los únicos. Una vez conocí a un unicornio que soñaba con ser un gran artista, con usar los pinceles, con mancharse las patas de colores. Nada ni nadie le podía decir lo contrario, él quería ser Picasso. También me crucé con un robot que siempre había soñado con ser cocinero: con amasar pan, hacer pasteles, hornear bizcochos, cocinar un ramen. Quería utilizar todos sus tornillos y sus tuercas para encontrar aromas y sabores que hicieran que los niños se relamieran... Otra vez, en una papelería el dependiente me contó la historia de un lápiz que no quería escribir, quería volar. Era complicado que alguien lo pudiera utilizar para ir al cole porque el lápiz solo quería tocar las estrellas, soñaba con mirar a la luna y decirle, yo también puedo surcar el cielo. Por último en un parque encontré un montón de mariquitas que había adoptado una fresa. Soñaban con tener una amiga diferente, que no fuera insecto, ya estaban hartas de insectos así que pensaron que la fresa sería una buena compañera, y que si tenían hambre siempre podrían merendársela 

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